Camino de Samarcanda, la joya de Asia Central

Hay nombres de ciudades entre lo real y la fantasía que ofrecen imágenes misteriosas y evocadoras. Y una de ellas es Samarcanda. Grandes personajes están unidos a ella en la memoria de la Historia: Alejandro Magno, Gengis Kan, Tamerlán, el español Ruy González de Clavijo y, por supuesto, Marco Polo.

Samarcanda lo tiene todo y, sin embargo, la primera impresión al llegar puede decepcionar, especialmente si previamente has visitado las pequeñas y armoniosas joyas de Bujará y Jiva en Uzbekistan. Y es que antes de descubrir los tesoros de Samarcanda, uno se encuentra con una ruidosa y activa ciudad de casi tres millones de habitantes, moderna, cuidada y con tráfico intenso. Por supuesto, también con grandes centros comerciales y tiendas de moda… los zocos y bazares hay que ir descubriéndolos poco a poco. Y también los callejones estrechos, arcos entre las casas, ventanucos de madera y numerosos minaretes llamando a la oración cinco veces al día.

El mérito de Samarcanda no es casual, está en la encrucijada de culturas y de lenguas venidas de aquí y de allá… No es extraño la serie de definiciones (a cual más bella) que ha recibido a lo largo de la historia: Centro del Universo, Espejo del Mundo, Jardín del Alma, Perla del Este, Joya del Islam… Hace poco se celebraban los 2.750 años de la fundación de la ciudad, siendo por lo tanto uno de los lugares poblados de forma continuada más antiguos del mundo. Tampoco podemos olvidar que antes de convertirse en capital cultural del Islam, sufrió numerosos asedios y destrucciones.

La plaza más bella de Asia

Pero esa Samarcanda moderna, con buenos hoteles y restaurantes, hay que dejarla atrás cuanto antes, porque nos espera la otra, la que sedujo a conquistadores y exploradores, la que alberga la plaza más bella de Asia, (y puede que de todo el mundo), la que brilló como ninguna otra cuando el resto de Asia y Europa estaba en sombras. Por eso, hay que llegar cuanto antes a la plaza Registán y permanecer allí horas y, durante nuestra estancia, regresar a ella siempre que se pueda.

Registán es un gigantesco escenario que parece dispuesto para su contemplación. En una gran superficie, a la que antiguamente convergían las seis principales calles de la ciudad, se alzan en tres de sus lados tres grandiosos edificios. Si no se viene preparado, uno piensa en mezquitas, en palacios, en mausoleos… pero no, son simplemente escuelas. ¿Escuelas con ese lujo? Bueno, aquí se llaman madrazas, escuelas coránicas o incluso universidades, pero la idea es la misma. Se estudiaba matemáticas, astronomía, teología y filosofía. Y resultan sorprendentes estas bellísimas construcciones dedicadas a la cultura que se remontan a 1.420, cuando Europa no había salido de la Edad Media y se consumía en guerras de religión, cuando América no existía y solo algunas zonas de Asia estaban un poco desarrolladas.

El espectáculo visual de Registán es incomparable: mosaicos celestes de mayólica, cúpulas que compiten en color y brillo con el propio cielo, alabastros tallados, columnas con grabados enrevesados, espacios amplios y proporcionados, minaretes de acceso prohibido (aunque con una propina a los vigilantes todo se consigue) desde los que contemplar la ciudad a vista de pájaro.

Las dos madrazas a derecha e izquierda parecen simétricas, aunque no lo son. En la de la derecha se representan leones que más parecen tigres y soles con rostros mongoles.

Otras joyas cercanas

Aunque cuesta trabajo alejarse de Registán y uno se hace la promesa de regresar al atardecer o por la noche y disfrutar su magnífica iluminación, hay mucho que ver en la ciudad y la mayoría de los grandes monumentos están muy cerca. La siguiente visita tiene nombre de mujer y, como tantas cosas en este país, está asociado a una leyenda, o historia, vaya usted a saber. El nombre es Bibi Khanum y fue la esposa favorita de Tamerlán.

El nombre de la mezquita se ha conservado hasta hoy, y aunque durante mucho tiempo estuvo en ruinas, todavía puede apreciarse su enorme riqueza y descomunal tamaño. Se dice que para su construcción se emplearon más de noventa elefantes que transportaron numerosos bloques de mármol blanco de la India hasta Samarcanda, el pishtak o portal de entrada mide 38 metros de altura, y una de las cúpulas más de 40, lo que la convierte en una de las mayores de Asia Central y de todo el mundo islámico.

Frente a ella, y contrastando con su grandiosidad está el mausoleo de la propia Bibi Khanum, con cinco tumbas y preciosas estalactitas pintadas, pero poco más. Parece que, en realidad, Bibi no está enterrada aquí, sino su madre y otras dos mujeres de su familia.

Un alto en el mercado para probar sus productos

Tras la visita, no está mal hacer un alto en el Siob Bazaar, un enorme mercado moderno con cientos de puestos que venden de todo y con simpáticos y amables tenderos que dan a probar sus productos de forma gratuita. Los puestos de frutas, verduras y especias son especialmente olorosos y coloristas. Llama la atención el gran espacio que se dedica a la venta dehalva, un empalagoso dulce típico de la ciudad.

Una gastronomía muy variada

Los olores del mercado nos han abierto el apetito, y es un buen momento para hacer una parada y disfrutar de la gastronomía de Uzbekistán, que, como centro que fue de la Ruta de la Seda, tiene influencias de muchos países. El plato tradicional del país es el Plov del que hay hasta 60 variantes y, como casi todo aquí, parece que fue un invento del gran Tamerlán. Se cocina con carne de cordero mezclada con arroz y acompañada de cebolla, zanahoria, pasas y especias como el comino y el cilantro. También son frecuentes en cualquier comida los Shashlik, pinchos de carne de cordero, ternera, pollo o hígado de ave, a menudo servidos con cebolla cruda y las Samsá, unas empanadillas cocidas en horno de barro con diferentes rellenos de carne picada con cebolla, calabaza, patatas o verduras.

Tumbas, reyes y sabios

Uno de los lugares más emocionantes, sagrados y bellos de Samarcanda es Shah-i-Zinda, una impresionante avenida de mausoleos, que contiene algunos de los mosaicos más ricos y vistosos del mundo musulmán. El nombre, que significa “Tumba del Rey Viviente”, se refiere a su santuario original, más interno y más sagrado: un complejo de habitaciones frescas y tranquilas alrededor de lo que probablemente sea la tumba de Qusam ibn-Abbas, un primo del profeta Mahoma, quien se dice que llevó el Islam a esta área en el siglo VII. Es un lugar de peregrinación, por lo que hay que vestir correctamente y ser respetuoso. Al final del camino entre los mausoleos, el complejo se abre hacia el cementerio principal de Samarcanda, que es un lugar fascinante para caminar en silencio.

Desde el punto de acceso hasta el final de la avenida principal hay unos veinte mausoleos de importancia histórica y artística, además de algunas mezquitas y madrasas que salpican el camino. Sin contar el importante número de tumbas menores pero antiguas que yacen a los pies de los mausoleos donde reposan personajes ilustres de antes, después y durante la época timúrida.

Un recuerdo para el cruel Tamerlán

La última visita en Samarcanda (bueno, la penúltima porque en esta ciudad siempre queda alguna sorpresa) debería haber sido la primera, aunque la tentación de Registán hace que se invierta el recorrido. Se trata de Gur-e Amir, el mausoleo del conquistador Tamerlán, también conocido como Timur, que con la ayuda de sus descendientes fue quien dio máximo esplendor a la ciudad. Ocupa un lugar importante en la historia de la arquitectura turco-persa como precursor y modelo de las grandes tumbas de la arquitectura mogol posteriores.

Dónde dormir: Aunque en Samarcanda hay infinidad de hoteles de todas las categorías, no es mala opción la que propone el Centro Europeo de Eco y Agro Tourim (ECEAT) en apoyo del turismo rural. Son alojamientos muy sencillos, compartiendo habitación entre varios huéspedes y con un aseo también compartido. Todo se compensa con un buen servicio, magnífico desayuno y precios que raramente superan los 10 euros por persona y noche.

Cómo ir: No hay vuelos directos desde España a Taskent, capital y principal aeropuerto internacional en el país. Sin embargo, el buscador de vuelos y hoteles jetcost.es ha encontrado muy buenas combinaciones vía Dubai o Estambul con Emirates y Turkish Airlines, con vuelos diarios. De Taskent a Samarcanda lo más cómodo es el tren alta velocidad que tarda sólo 2 horas y 14 minutos.

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