Tallin, Helsinki, Estocolmo… pinceladas de capitales bálticas

Vista de la Puerta de Viru (Tallin, Estonia). Autor: Diego Delso/Wikipedia
Imagen de la Puerta de Viru (Tallin, Estonia). Autor: Diego Delso/Wikipedia

Tallin (Estonia)

La estonia Tallin, oleada por el mar Báltico, constituye una abigarrada mezcla de influencias rusas, suecas y alemanas. De hecho, en la actualidad el 24 por ciento de los habitantes de este pequeño país con alrededor de un millón y medio de pobladores, tiene origen ruso.

Una plaza central monumental que recuerda a las de las ciudades belgas de Gante o Brujas, una muralla que circunda parte del recorrido urbano, los ascensos y descensos de las calles o las figuritas de mazapán suponen algunos de sus signos de identidad.

Por cierto, la oficina de turismo organiza interesantes recorridos gratuitos de dos horas en inglés. Salida, 12 horas.

Helsinki (Finlandia)

Bahía de la ciudad, con la Catedral de Helsinki al fondo. Autor: Mikko Paananen
Vista de la bahía de la ciudad, con la Catedral de Helsinki al fondo. Autor: Mikko Paananen

Helsinki (Finlandia) luce interesantes catedrales: una católica y otra ortodoxa, ambas cercanas al puerto. Por cierto, en este último se puede pasear por los puestos de pescado ya cocinados para ingerir.

Desde allí se accede a la céntrica avenida Esplanadi. Los recovecos portuarios tienen buen uso como playas estivales. A tres horas en ferri de Tallin, si se desea alguna información puede preguntarse a los agentes turísticos que recorren las calles prestos a socorrer a transeúntes desorientados. Lo hacen hasta en seis idiomas.

Lucen, en la solapa de sus ´polos´, placas con las banderas de los países cuyas lenguas hablan. También es una agradable experiencia en Helsinki comer un hamburguesa de pescado en un puesto de sus mercados de alimentos frescos.

Estocolmo (Suecia)

Estocolmo destaca, entre otros motivos, por los ocho millones de ladrillos utilizados en construir el edificio de su Ayuntamiento, que acoge la ceremonia y gala de la entrega de los premios Nobel.

Un inmueble aparte merece el museo de estos galardones, cerca del majestuoso -no podía ser de otra manera, aunque en este caso lo demuestra con creces- Palacio Real, donde la guardia realiza un ceremonioso cambio seguido por decenas de turistas.

El centro histórico se ubica en la isla de Galga Stam. Curiosa catedral, a la que se accede previo pago de 40 coronas suecas.

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