Irlanda del Norte (III): la mítica Calzada de los Gigantes

Calzada de los Gigantes (Irlanda del Norte). Autor: H. González
Calzada de los Gigantes (Irlanda del Norte). Autor: H. González

Tras dejar Sligo, continuamos con el viaje por Irlanda del Norte. Día de carretera y traslado hasta el norte rumbo a la Calzada de los Gigantes. Las carreteras son algo sinuosas. Muchas equivalen a comarcales españolas. Autovía hay alrededor de Belfast y poco más. Escribo esto porque los desplazamientos se alargan.

Castillo de Donegal

Volvemos a recorrer el lago Enre, en un nuevo día de conducción bajo la lluvia. Aunque cambiemos de Irlanda, el tiempo no varía. Paramos en Donegal, un municipio con su castillo, su triángulo céntrico comercial y una feria de gastronomía en la que pagas siete libras por entrar para ver cómo cocinan. Luego compras lo que te apetezca más.

Derry, segunda ciudad de Irlanda del Norte

Llegamos a Derry. O Londonderry para los ingleses, la segunda ciudad más poblado de Irlanda del Norte. Hacemos la típica cena de pub lleno de parroquianos, con partido de fútbol retransmitido en directo, cerveza Guiness y fish and chips. El pack completo. Como el pub, donde ofrecen un curioso Spanish chicken que incluye chorizo y tabasco.

Imagen de la Calzada de los Gigantes
La Calzada de los Gigantes está en la costa nororiental de la isla de Irlanda, unos 4,8 km al norte de Bushmills.

Calzada de los Gigantes

Toca ya la famosa Calzada de las Gigantes, el principal atractivo turístico del país. Nada como ingeniar una buena leyenda (en este caso, la de sendos gigantes que se arrojan piedras y que inundan el mar hasta crear una senda) para impulsar un elemento natural.

Antes nos detenemos en el castillo de Dunduluce. Más bien un esqueleto de fortaleza situado junto a un peñasco. Lo que hay dentro se ve desde fuera sin necesidad de pagar 5,5 libras.

Whisky de Bushmill

De allí a la destilería de whisky de Bushmills, también perfectamente organizada para que quienes van a la Calzada de los Gigantes hagan una visita guiada, única forma de recorrerla a siete libras la entrada. Bueno, excepto si se quiere deambular por la tienda o el restaurante, de acceso gratuito.

Y ya de lleno en citada Calzada. Aunque todas las flechas e indicaciones llevan al centro de orientación turística, realmente el acceso a este espacio natural está abierto. Basta bordear esa oficina y seguir la ruta azul. La senda roja lleva a la montaña que emerge sobre la Calzada.

25 minutos a pie de descenso llevan a esta especia de espigón compuesto por miles de piedras achatadas, del tamaño de una pisada (algo más pequeña que la de un gigante) y de fácil resbalón porque están mojadas por el mar.

Vacas junto a la playa en Irlanda del Norte
White Bay, con sus dos kilómetros de playa y vacas pastando junto a la orilla. Autor: H. González

White Bay, playas y vacas

Vista y paseada la Calzada, seguimos hasta White Bay, con sus dos kilómetros de playa y vacas pastando junto a la orilla. Luego, al pequeño pueblo de pescadores de Bailltoy, con su coqueto puerto y una tetería que cierra antes de las cinco. Y de allí damos el salto a rope bridge, un puente colgante entre un peñasco y la isla. Otra atracción turística a ocho euros el pase. El turismo proporciona más ingresos que la pesca de salmón, la tarea ancestral en esta zona.

Hospitalidad irlandesa

Y otro ejemplo de la hospitalidad irlandesa. Tenemos una rueda pinchada y el vehículo alquilado no lleva de repuesto ni soluciones alternativas. Vamos a una gasolinera de Portstewart y un trabajador trata de inflarla, amable e infructuosamente.

Detrás nuestro se para un coche deportivo del que emerge un hombre de mediana altura con la firme intención de ayudarnos. Asume la gestión telefónica para que llegue una grúa rápido y para que la compañía que nos alquila el vehículo nos solucione el tema de la mejor forma posible.

Se marcha y retorna a los cinco minutos con un coche más grande, al que nos invita a subir para llevarnos a su casa mientras esperamos la grúa. En su vivienda unifamiliar, con un enorme cristal que permite vislumbrar un esbelto paisaje clásico irlandés, nos recibe Bridget.

En seguida nos saca té y bizcocho y mantenemos una encantadora aunque breve –en seguida le llaman desde la empresa para decir que ya está la grúa- conversación.

Derry, ciudad amurallada

Y cerramos recorrido con una visita por Derry. Se trata de la última –la más reciente- ciudad amurallada de Irlanda. Una ancha senda permite recorrer el muro que contornea la porción urbana más antigua.

No obstante, lo más significativo de Derry resultan sus enormes murales recordando la pugna independentista irlandesa y el dramático episodio del Bloody Sunday, con una treintena de víctimas, la mitad menores.

Los carteles del IRA, las críticas al ejército británico, los también murales de mejoras sociales como el derecho al voto o al trabajo o el agrocórner (con la firma del acuerdo de paz) recuerdan una época no tan lejana. Un paseo matutino junto al río Foyle ayuda a asentar las experiencias vividas y a disfrutar o sufrir- según cada cual- de la lluvia y del frío diario irlandés.

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