Segundo día del Camino de Santiago: de Sarria a Portomarín

Iglesia de San Juan (Portomarín)
Iglesia de San Juan (Portomarín). Autor: Héctor González/SoloQueremosViajar

Mi segundo día: ahora empieza el Camino de Santiago. A las 5.30 horas ya están las alarmas sonando y mis compañeros de habitación levantándose. A las 6.15 no queda nadie durmiendo de tanto movimiento. Disfruto de un desayuno abundante en La Casona de Sarria, donde me alojo (el mejor que degustaré en el recorrido) y empiezo la etapa con Toni, de Barcelona, un inquieto cámara de televisión que también ha estudiado Periodismo.

Comenzamos entre neblina, con humedad, en una zona boscosa. Pasamos por el hito en el que indica que restan 112 kilómetros para destino. Poco a poco despeja. La senda va subiendo. Cierto que nunca andas solo. Siempre ves a alguien en tu camino.

Dirección hacia el Camino de Santiago
Dirección hacia el Camino de Santiago, con el logo y la distancia que falta para llegar a Santiago de Compostela. Autor: SoloQueremosViajar/Héctor González

Paramos a las dos horas y media de trayecto, en una terracita muy cerca de Morgade. Se junta con nosotros José María (que había dormido en la litera que tenía sobre mi cabeza), un sevillano profesor de Informática muy simpático que carga con su mochila (a mí me la lleva Correos, aunque existen múltiples empresas que ofertan el servicio por tres euros diarios).

Vamos conversando los tres por una senda que, en general, resulta bastante ancha. Antes de encontrar a José María, Toni y yo habíamos estado hablando con un señor (también de Barcelona) que cumple su decimoprimer Camino de Santiago y al que en esta ocasión acompaña un nieto adolescente.

Vacas y grelos

Discurrimos junto a vacas, campos de verduras, de los famosos grelos gallegos. Resulta muy curioso encontrarte con gente muy diversa. La etapa se hace corta, aunque escogemos el tramo final (de entre tres para elegir) con mayor dificultad.

La llegada a Portomarín (final de etapa) se hace a través de un largo puente, que acaba en una elevada escalinata. Final de algo más de 22,5 kilómetros.

Portomarín (Lugo, Galicia)
Imagen de Portomarín (Lugo, Galicia). Foto: Guillermo Gavilla

A las 12.15 ya estoy en el alojamiento. Compartiré habitación con once peregrinos más. ¡Qué bien sienta la ducha! Después, vamos a por la cervecita Toni, Evarist (que había llegado un poco antes) y yo. Creo que estoy hablando más en valenciano hoy de lo que lo he hecho en la última semana.

Mejillones y Ribera Sacra

Nos sentamos para comer. Y lo hacemos bien. Pedimos unos mejillones (aquí los ponen abiertos y con una salsa mezcla de tomate y picante), una botella de Ribera Sacra, variedad Godello, y un menú que en mi caso contiene empanada gallega, lacón con salsa y tarta de Santiago. Nos pasamos un buen rato hablando los tres como viejos amigos aunque nos acabamos de conocer. Al rato viene José María y se sienta a tomar café.

Gran ambiente. No sé lo que pasará en los próximos días, pero hoy hay muy buen rollo. Y también sabré al final de El Camino que el resto de jornadas lo seguirá habiendo.

Iglesia del siglo XII

Abren la iglesia del siglo XII, la que trasladaron piedra a piedra cuando construyeron el pantano. Me ponen un buen cuño (cada día tenemos que recopilar dos para nuestro pasaporte de peregrino). Portomarín está abarrotado de caminantes de diversas partes de España y de otros de múltiples países. Una movilización impresionante y una fuente de ingresos enorme por turismo para estos pueblos.

Me siento un rato a contemplar una actuación de títeres. Con tranquilidad. Me compro una pulserita azul con el lema de este recorrido milenario que tantos peregrinos se han ido transmitiendo, el ya universal ´Buen Camino´, y voy a que me corten el pelo.

En el primer sitio ya no tienen hueco. Acabo en una peluquería con sabor añejo, con aspecto de hace un mínimo de 30 años y con una señora mayor cortándome el pelo con demasiada precaución, y rematándome el corte con una colonia antigua que me lanza al final, después de peinarme, y que me acompañará durante unos días.

Cuando regreso al albergue me cruzo con Toni y me comenta que ha quedado a cenar con José María y con sus compañeros de habitación. Antes, no obstante, nos sentamos para tomarnos una cervecita con su correspondiente aperitivo, unos deliciosos pimientos de padrón.

Cena con un grupo numeroso

Luego vamos a cenar. Se trata de un grupo numeroso y con muchas ganas de fiesta, que comparte croquetas, pulpo, queso de tetilla

Estoy cansado y me voy antes de que acaben porque sé que me espera una noche a la vez, y aunque parezca contradictorio, larga (me costará dormirme con tanta compañía) y corta (a las cinco empezarán a sonar móviles-despertadores).

Entre los ruidos (recuerdo que somos 12 en la habitación), la luz que entra (estoy junto a un ventanal con persiana) y mucho calor, duermo poco y mal. Y a las cinco, efectivamente, empieza el movimiento.

Siguiente etapa, de Portomarín a Palas de Rei

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