El pueblo más pequeño de España con catedral y otros tesoros de Huesca

Claustro de Roda de Isábena
Claustro de Roda de Isábena (Huesca). Autor: MMorell (Wikipedia)

Comienza la tercera jornada de estancia en el norte de Huesca con un paseo por los surcos pedregosos que va dejando el río Cinca en el citado término de Labuerda, en dirección a Aínsa.

Roda de Isábena

Después, coche y a por el primer objetivo del día, la localidad de Roda de Isábena, la más pequeña de España con catedral. Tiene una veintena de habitantes, según explica la persona que hace de guía ocasional de un templo al que únicamente dejan entrar con esa cicerone.

En este catedral se inicia el denominado Camino Vicentino, que sigue las huellas de San Vicente Mártir y con concluye en la iglesia de San Vicente de la Roqueta, en Valencia.

La iglesia románica data del siglo XI. Tiene su cripta (con los restos de San Valero y de San Ramón) a ras de suelo, y el altar en un primer piso. Gozamos de la suerte de acudir el día en que festejan a San Agustín, con lo que podemos escuchar un concierto de órgano.

Desde la iglesia se accede el recogido claustro, desde donde curiosamente se entra también al restaurante de la hospedería, que está abarrotado. La muralla que circunda Roda de Isábena y las estrechas y adoquinadas callejuelas completan el encanto del casco urbano.

Panillo y el «molino más antiguo de Aragón»

Panillo (Huesca)
Panillo (Huesca). Autor: Jorge Franganillo (Wikipedia)

Subimos desde este municipio a Panillo para contemplar el centro budista, aunque antes nos paramos en el local que hace de museo etnográfico, oficina de turismo improvisada y restaurante con impresionantes vistas donde se come al aire libre. Además, según explica la persona que nos atiende, de “molino más antiguo de Aragón”.

El local se denomina, claro está, El Molino, y nos ofrecen tres platos para comer a elegir: longaniza, chuletas de cordero y entrecot. Todos a la parrilla, acompañados de patata asada y de ensalada con un delicioso tomate. Delicioso. Eso sí, se paga en efectivo. No admiten el abono con tarjeta. Quizás, si lo hicieran, romperían el encanto de este lugar en el que te sientes refugiado en las montañas y alejado de todo.

Desde allí, como queriendo preservar ese estado de armonía, nos encaminamos al cercano centro budista Dag Shang Kagyu, con su gran estupa y las ruedas de plegarias para moverlas mientras repites el famoso mantra Om Mani Padme Hum (aunque, sinceramente, lo he leído transcrito de diferentes maneras).

Si te lanzas por la rampa que desciende a la entrada, notas en tu estado de ánimo los cambios de energía. Una tienda de recuerdos y, principalmente, mucha tranquilidad en el ambiente, refuerzan este centro de retiro, práctica y estudio del Dharma.

Castillo de Tronceda

De regreso a Labuerda paramos en el castillo de Tronceda, del que queda una fachada, y en el municipio de Ligüerre del Cinca rehabilitado por el sindicato UGT, con sus viñedos y playa en el embalse de El Grado.

Siguiendo la carretera, a unos cuatro kilómetros de Aínsa, se encuentra Morillo de Tou, un pueblo de vacaciones que gestiona otro sindicato, en este caso CCOO. Cenamos en el restaurante Turmo y vamos a Aínsa a hacer un recorrido nocturno. En la plaza de armas del castillo han colocado de exhibición una gran nabeta, la embarcación que utilizan los llamados ´nabateros´ para transportar troncos por el río.

Santa María de Buil y su Iglesia Románica

Santa María de Buil
Santa María de Buil (Huesca): Autor: Héctor González/SoloQueremosViajar

Llega el día de regreso, aunque aprovechamos para hacer alguna escala. La primera, en Santa María de Buil, para contemplar su impresionante iglesia románica del siglo XI, con tres capillas en paralelo y casi del mismo tamaño en lugar del altar, con varias pilas bautismales y con una exposición de fotos de gente del lugar de mediados del siglo XX. Se trata de una población muy reducida, apenas habitada y con escasos turistas.

Desde allí seguimos a Estipol, otro pueblo casi abandonado, con calles adoquinadas de imposible tránsito, por su deterioro, para vehículos a motor. Continuamos hasta Lecina, una coqueta y animada localidad en agosto que destaca por su encina milenaria. 

Intentamos ver Alquézar, pero resulta imposible aparcar en los abarrotados aparcamientos externos habilitados. La única opción consiste en dejar el vehículo a un kilómetro de distancia. No tenemos tiempo. Nos queda pendiente para el futuro, tras disfrutar de este completo viaje por el norte de Huesca.

Más información: Turismo de Aragón

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