Bodega del Nero, cinco generaciones de bodegueros

Cata de vino
Vino tinto de la Bodega del Nero

A tan solo 45 km de la capital madrileña, en pleno centro de Chinchón se encuentra la Bodega del Nero, fundada en 1870 y considerada una de las bodegas más antiguas de la Comunidad de Madrid.

Ahora es el momento de los hermanos Roberto y Álvaro López del Nero. La quinta generación de bodegueros continúa poniendo en valor las 20 hectáreas propias que componen los viñedos que su familia ha cultivado año tras año con tesón en la Vega del Tajuña.

Se trata de un edificio de más de 150 años, con una temperatura y humedad idónea para la elaboración del vino y que, gracias a cada mano que ha pasado y pasa por allí, pueden permitirse formar parte de una de las pocas bodegas en España que cuentan con cinco generaciones de bodegueros en la misma familia.

Sus vinos ecológicos pasan por tinajas de barro donde tras la recogida de la cosecha en septiembre, se mantienen hasta enero. En ese momento los enólogos prueban el vino y deciden si es apto para barrica o para vino joven. Parte del éxito de la bodega reside en sus tinajas, que con más de 100 años de antigüedad, son la seña de identidad de la familia Nero.

Los secretos de la Bodega del Nero
Historia de cinco generaciones de bodegueros

Lejos de acercarse al acero inoxidable, esta familia bodeguera puede permitirse el lujo de seguir elaborando vino rodeado de barro. El material poroso de las tinajas favorece la microoxigenación y actúa como aislante térmico, haciendo que el vino evolucione y que retrase su fermentación, provocando que todos los matices de la fruta se puedan apreciar mejor en el resultado final.

Aunque el proceso de limpieza es costoso en tiempo y dinero, los del Nero siguen introduciéndose dentro de cada tinaja para limpiarlas a mano, con mascarilla, eso sí, que el riesgo de salir con una buena resaca peleona de la tinaja no es un mito.

Bajo la denominación de Origen de Vinos de Madrid, han logrado numerosos premios que con orgullo lucen entre sus paredes. Entre ellos se encuentra el vino blanco, joven, roble y de crianza. Una vez se encuentran en las tinajas, los dos últimos pasan por barricas.

En la bodeguera centenaria las barricas son de roble francés y americano, donde dejan envejecer los vinos para posteriormente embotellarlos. Hasta el momento sus vinos se venden tan bien, que no necesitan elaborar reservas y grandes reservas.

Con personalidad, carácter y directos de la viña, los vinos del Nero poseen un aroma propio que no provoca indiferencia. Con la llegada del buen tiempo, el enoturismo por estas tierras madrileñas se convierte en una de las opciones más concurridas.

Tanto es así que la Bodega del Nero abre sus puertas a los sibaritas y amantes del vino y les brinda la oportunidad de conocer cada rincón de su casa. Unas paredes que por sí solas transmiten historia pero que, con las anécdotas y curiosidades que cuentan Roberto o Álvaro durante la visita, tienen mucha más magia.

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